Identificar oportunamente los síntomas de la fiebre amarilla puede marcar la diferencia en la evolución de la enfermedad. Los primeros signos incluyen fiebre alta repentina, dolor muscular, dolor de cabeza, náuseas y vómito.
En
etapas más avanzadas, la enfermedad puede provocar ictericia, sangrados y fallas en órganos vitales. Ante cualquiera de estos síntomas, es fundamental acudir de inmediato a un centro de salud y evitar la automedicación.
Las autoridades insisten en informar al personal médico sobre viajes recientes o estadías en zonas de riesgo, lo que facilita el diagnóstico y la atención adecuada.


